Jardinería - Diseño de Jardines

DISEÑAR UN JARDÍN JAPONÉS

Los jardines japoneses se consideran espacios de meditación. Lugares de encuentro con la naturaleza. Centros de serenidad pensados para relajarse y ser admirados. Todo está planteado, estratégicamente colocado, para aportar tranquilidad desde el interior de la vivienda o desde el propio jardín. Se espera que este terreno se convierta en un refugio, a salvo del mundo exterior.

Los setos marcan los límites del jardín japonés. Otro elemento que no puede faltar son las piedras. Simulan picos de montañas o islas en el mar. A su alrededor, se suele colocar grava con dibujos de ondas provocados por una gota de agua imaginaria. El simbolismo en los jardines japoneses es fundamental. Se trata de crear un paisaje de agua y tierra, real o imaginario. De hecho, la distribución de las piedras puede imitar el curso de un arroyo. Es lo que se conoce como jardín seco.


Especies idóneas

En un jardín japonés se persigue manifestar el cambio de las cuatro estaciones. Por ello, se plantan tanto especies caducas, que recuerdan el paso del tiempo, como perennes, que representan estabilidad. En primavera, destacan las azaleas, el azarero, las hortensias y los lirios. También se plantan abelias, clematis, bignonias y otras plantas con flores.
Las plantas caducas recuerdan el paso del tiempo y las perennes representan estabilidad
En cuanto a las plantas arbóreas, las más utilizadas son los pinos, thujas, chamaecyparis, el Ginkgo biloba o los arces, debido al cambio de color de sus hojas en otoño. Cerezos, prunus, hacer y Kiry completan el catálogo, junto a plantas acuáticas como la flor de loto, ninfeas o nenúfares. Otras especies representativas son el ceibo y el roble, que se plantan en número impar para dar continuidad al diseño asimétrico.


Linternas de piedra

Si hay un elemento clave, característico de los jardines japoneses, es la linterna de piedra. En su origen, estas linternas se utilizaban para iluminar la ceremonia del té al atardecer. De ahí que se eligiera la piedra como el material idóneo para construirlas. Las primigenias eran de metal. Tienen una cubierta superior o sombrero para proteger el espacio en el que se coloca la luz, una base y un poste.

Además, la piedra permite reflejar el paso del tiempo a través de su aspecto externo. El paisaje se completa con un puente en forma de arco que simboliza la unión de dos mundos: el cielo y la tierra.